Siempre he defendido a Manuel Jiménez por 3 cuestiones: porque es tan sevillista como cualquiera de nosotros, porque es el entrenador de mi equipo, y porque sus números eran incontestables.
Se habló mucho del “jogo bonito”, que si aburrimiento, que si no había estilo propio, que si amarrategui… Todo eso, me importaba, y me sigue importando un pepino. Sin embargo, es cierto que hay algo que ha cambiado. La realidad de este equipo, con su “juego horrible y amarrategui”, era la de ir sacando una barbaridad de puntos tanto en casa como fuera del Pizjuán. Ahora, sin embargo, a día de hoy, el equipo no gana. Son ya muchas las jornadas que el equipo no se lleva los tres puntos. No hay ausencias, no son contrincantes mejores que nosotros, … ¿qué es lo que falla?
Es fácil echarle la culpa al entrenador, pero resulta que es el mismo entrenador y el mismo equipo que a primeros de temporada sacaba la mayor parte de los partidos adelante. Yo creo que este bajón se corresponde mucho más concretamente con la baja forma de muchos de los jugadores: lo de Negredo es preocupante e indignante, Adriano parece otro, Fernando Navarro está totalmente vulgarizado, Acosta y Fazio faltos de ritmo de partidos, Renato no acaba de ser el que fue, Kanoute lo intenta pero no le sale, Luisfa piensa más en el verano que en el día de hoy….
Si bien creo que Jiménez no es el responsable directo de esta situación, también entiendo que tiene gran responsabilidad en recuperar a los jugadores para la causa, ya que esa es la principal misión de un entrenador.
Ojalá la solución para nuestro Sevilla fuera tan simple como cambiar de entrenador. En cualquier caso, doctores tiene la Iglesia, así que los que tienen que tomar la decisión que crean correcta, que la tomen. Yo ap***ré siempre las decisiones del Consejo de Administración que ha llevado a nuestro Sevilla a cotas inimaginables, y por otro lado, si bien es verdad que me he quedado sin la última de las tres razones por las que ap***ba a Jiménez, las otras dos siguen totalmente vigentes: es sevillista y es el entrenador de mi Sevilla. Así que apoyo hasta el final.
Hay quien dice que la crítica es la que hace crecer la institución. Yo creo que no es totalmente cierto. Pienso que la crítica, efectivamente, es fundamental porque obliga a la reflexión, pero yo creo que lo que realmente hace crecer a nuestro Sevilla, es remar todos en la misma dirección, aunando voluntades y sumando esfuerzos. Está claro que podemos y debemos exigir resultados a nuestro entrenador y a nuestro equipo, porque es su obligación, pero también la afición tiene su obligación, y es exclusivamente la de animar. La crítica no es una obligación, sino una opción.
Ya llegará el momento de los balances y la hora de la toma de decisiones (que sinceramente, yo creo que aún no ha llegado). Mientras queden esperanzas, todos a una, sea quien sea el entrenador. Es en estos momentos difíciles en los que más se debe notar el empuje de la afición sevillista. Mientras haya objetivos reales por alcanzar, todos a remar, todos a empujar, todos a animar.
¡¡VAMOS MI SEVILLA, VAMOS CAMPEON!!
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