Conscientes de lo que nos ha costado llegar a alcanzar el prestigio nacional y europeo del que gozamos, no puedo dejar de pensar en la forma en la que cada año bajamos peldaños en la parcela deportiva y por consiguiente, en nuestra proyección y consolidación como equipo grande dentro y fuera de nuestras fronteras. Han sido diez años de admirable y a la vez meteórica escalada hacia alcanzar cotas que jamás me hubiera imaginado vivirlas como sevillista.

Trabajo, esfuerzo, buen hacer y porque no, suerte. Suerte enmascarada en goles en tiempos de prórroga, en cabeceos a gol de aquel que tiene el don en sus manos, en remontadas épicas hasta ahora espontáneas y de menos calado en nuestra historia. Pero la suerte no viene a verte si detrás no hay un trabajo serio. Trabajo que vino de la mano de un presidente septenario y de un utrerano impregnado en su corazón de las letras de un himno que rezan casta y coraje. Sensato e inteligente fue este presidente del que os hablo, cuando dejó paso a savia nueva que llamaba a las puertas de Nervión con manuales de buenas artes empresariales que hicieron modernizar y exprimir al máximo, cada uno de los estamentos de los que se compone una entidad deportiva como la nuestra. Nuevos aires y con estos, nuevas caras. Forasteros de los que desconfiamos con el escepticismo que atesora el sevillismo por los varapalos recibidos.
Incrédulos asistimos a la que fue nuestra época más dorada. Semifinales que se convertían en finales, finales que se convertían en títulos, títulos que nos hacían y así fue, grandes de España y de Europa. Y ahora que nos queda. Nos queda mucho. El orgullo de lo vivido y presumir de haber tocado y sentido el universo de los grandes del mundo.

El fútbol es así y dos años nos han bastado para bajar otra vez de este universo paralelo en el que, aunque me duela decirlo, éramos unos invitados más de entre tantos que pasan por la historia de este edén futbolístico. No hemos sabido situarnos entre ellos por culpa de la racanería y el espirito conservador que imprimen nuestros dirigentes. Para ellos hacer dinero en el fútbol ha sido a través del método de la venta descontrolado de nuestros mayores activos deportivos a cambio de qué, de mediocres futbolistas que no han seguido el ritmo que han marcado aquellos que no supimos mantener. Futbolistas que han demostrado una y otra vez que no son capaces de conseguir los objetivos que se marca la entidad. Objetivos irreales que hemos alcanzado por un golpe de suerte canterana que se ha desvanecido por el mal hacer en la planificación deportiva.

Si el objetivo marcado era la Champions, tienes que traer jugadores contrastados y mantener aquellos que funcionan. No vender aquellos que funcionan y traer jugadores suplentes en sus equipos de procedencia o jugadores de equipos descendidos. Y si no es sensato esto que digo, no nos vendas abonos de Champions cuando todos sabíamos que eran más bien de Uefa.

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