
Efectivamemente, así lo entiendo, así lo siento y así, tal cual, lo proclamo:
MI SEVILLA, HOY POR HOY, ESTÁ SECUESTRADO.
Secuestrado por quienes no saben, o no quieren -y vayamos a ver por qué turbias razones- reconocer que se equivocaron. Secuestrado por quien no entiende de más razones que las propias. Secuestrado por la incompetencia y la ineptitud más flagrante acompañada del egoísmo más descarado de un entrenador que se autoproclama sevillista, pero que me da la sensación de serlo sólamente por aquello mismo que le cantan algunos: por cojones. No quiero pensar que lo haga por dinero como el otro sinvergüenza, simplemente no quiero. Secuestrado por la falta total de la más minima noción de generosidad y el exceso de una desmedida ambición personal que obvia la colectiva y el interés común de la mayoría. Secuestrado por la ignorancia de algunos y a pusilanimidad de otros que permiten que el incapaz se siga sintiendo fuerte y se siga manteniendo en la escena del más espantoso de los ridiculos, profesionales y personales.
Es mentira eso de que quien más te quiere te hará llorar. Eso, en esta ocasión, es totalmente falso. Falso y hasta indigno y vergonzoso. Quien de verdad quiere a alguien o a algo, es imcapaz de causarle un daño innecesario. Digo bien:
INNECESARIO. Y a mi Sevilla se lo están haciendo hace tiempo de una manera absurda y obstinada.
No caeré en la broma de la trampa de la cortina de humo, de la vergonzosa rueda de prensa para hacer olvidar el enésimo batacazo y la enésima metedura de pata. Tampoco haré leña de nadie, porque leña es escarbar en una herida; y aquí todos se sienten heridos menos los verdaderos responsables, que insisten en seguir hiriendo . No considero que proclamar mi verdad sea herir a nadie, que decir que Jiménez es persona perdida desde antes de llegar y de la que, ahora es seguro, se han servido y se están sirviendo de mala manera. Pero es un servicio autorizado, nadie lo secuestra a él, nadie le impida liberarse y liberarnos a todos. El hecho de agarrarse a ese banquillo como a un clavo ardiendo, después de haber presenciado como dividió a una afición y destrozó a un equipo hecho, es algo que me sobrepasa y me supera de tal modo... que hasta la fe, en quien creí que mejor dotado estaba para revolucionar y arreglar el entuerto, la terminé por perder anoche.
Definitivamente hemos tocado fondo. No podemos caer más porque hacerlo con una plantilla de 212 millones de euros, y que además los vale, es sencillamente imposible. Se me antoja aberrante que en el fondo de todo lo que está pasando no existan cáusas inconfesables, soberbias fatalmente entendidas y un orgullo desquiciado que nos va a llevar al pozo más negro.
Honestamente confieso que no comprendo actitudes y hechos por parte de los responsables. Sinceramente me reconozco incapaz de aprobar conductas irracionales llevadas a cabo en nombre... ¿de qué?....Porque en nombre del sevillismo eso es imposible. Al sevillismo se le podra acusar de todo lo que se quiera, menos de no haber estado cuando había que estar. ¿Ha estado todo el mudo siempre cuando y donde debía estar?....Realmente...lo dudo.
No me queda más que readmitir y reafirmarme en lo que siempre manifesté: todo viene a consecuencia de un mal encaje de los triunfos pasados y peor asimilación de los errores presentes, de los que cuesta un mundo hacerse cargo y reconocerlos, de la enorme incapacidad, y falta de voluntad, para enderezar un rumbo que se perdió, no cuando se puso a Jimenez en el banquillo, sino cuando se le renovó habiendo quedado claro que no era hombre para él.
Con esa mentalidad, con ese talante, con esas actuaciones llenas de incoherencias y cerrazones, mucho me temo que lo que hemos retomado es la senda de la mediocridad y de la vulgaridad más patentes en lugar de aquella otra que nos llevaba derechita a la cima de la grandeza de los campeones.
Y lo más triste y penoso: tener que asistir a la forma tan sui géneris que algunos tienen de entender la dignidad. Pero no dignidad deportiva solamente, sino dignidad personal pura y dura. Querer mantenerse a trancas y barrancas en un sitio donde no te quieren, y además haciendo daño, tienen un nombre. Nombre que no pronunciaré porque me causa sonrojo.
Jamás en mi vida, como sevillista, me dolió tanto haber llevado razón. Jamás.
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