Cuando me sorprendí anoche cantando el gol de Pjanic (vaya jugadorazos que está regalándonos de nuevo la zona balcánica) a la vomitiva galaxia mediática que tan empachados nos tienen a todo el mundo como si me fuera la vida en ello, y después de ver y escuchar hoy en el trabajo, gimnasio, en todos sitios, a infinidad de personas felicitándose y pitorreándose de tan placentero descalabro, no he podido dejar pasar la ocasión de reflexionar sobre el fenómeno de la transmutación del supuesto equipo de España en el equipo que mas alergias y asquito levanta allá por donde no tienen a Bernabéu en la mesilla de noche.
Recuerdo perfectamente cuando era pequeño, que mi padre tenía un coleccionable encuadernado de ABC con la historia viva del Madrid, hasta 1986. Con la curiosidad propia de un niño, me ponía a escudriñarlo de arriba a abajo, ávido de cualquier materia que oliera a fútbol, y aunque no despertaba en mí ni el mas mínimo amor por sus colores, pues jamás he sentido nada por ningún equipo que no sea el Sevilla, me resultaba interesante leer y aprender sobre fútbol internacional e historia balompédica, amén de despertar una cierta simpatía propia del niño que veía en el club de Concha Espina casi un paladín español en lucha contra el resto de Europa; y me permitía soñar además con ver algún día a mi equipo logrando logros similares. Quién iba a decirme lo que viviría no tantos años después, aunque esto es harina de otro costal...
Hoy, 20 años después, la asquerosa y repugnante maquinaria mediática madridista ha conseguido que prefiera que gane cualquier equipo neozelandés antes que aquél que lleva la bandera de mi país, gracias al bombardeo indiscriminado y cuasi lavado de cerebro con que nos intentan lobotomizar cada día a todos. Por si no fuera repulsivo desayunar, almorzar, merendar, cenar y soñar cada noche con las botas de Cristiano o con el peinado nuevo de Guti, el madridismo ha dado una vuelta de tuerca más en su proceso inexorable de fabricar antimadridistas, al menos en Sevilla, puesto que, al vernos como amenaza, ya no se conforman solo con vernos como unos provincianitos graciosos que cierto día ganaron una UEFA, pero a los que no hay que echarle mas cuenta de la necesaria; sino que ahora ya tiran con artillería pesada para, además de evangelizar por doquier, atacar y desestabilizar a todo lo que pueda fastidiarles el tinglado. Por esta razón somos los sevillistas los mas antimadridistas de Andalucía, puesto que los béticos jamás han supuesto una amenaza para ellos, y por tanto no han probado la sensación de dicha maquinaria manipulando, desestabilizando, mintiendo y atacando. De ahí que mucho bético aún disfrute con los logros madridistas, casi como si fuera la selección española (otro equipo en el que se vuelca mucho mas el beticismo, ávido de celebraciones futbolísticas mas allá de ascensos sobre la bocina), mientras que a nosotros nos repatea cada vez más verle la jeta a Valdano, a Butragueño, a Cristiano, o al que ahora es adalid del madridismo de toda la vida, cierto camero con cara equina que se toca los pezones cuando le marca al equipo que se lo dio todo.
Sigan ustedes, señores de Madrid, sigan por este camino. De aquí a no muchos años la legión de antimadridistas será de tal calibre que tendremos que crear una religión propia, y que no les quepa duda, el mérito de tamaño logro podrán atribuirselo a fuego en la piel todos y cada uno de los que piensan que en España un aficionado al fútbol sólo puede sentir en clave merengue.
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