Y es que resulta que, después de 29 años que me alumbran de vida, y de sevillismo por ende, termino enterándome de que el equipo de mis amores, el que me modifica el estado de ánimo desde pequeñito, el que es capaz de ilusionarme o hundirme de una semana para otra desde que tengo uso de razón, es el único equipo del mundo que gana siempre que quiere. Qué cosas. He de darle las gracias a todos estos aficionados, sevillistas o no, que me han abierto los ojos y me han enseñado la ley innata del fútbol, esa que dice que uno siempre juega solo y que el otro equipo, aunque sea el mejor Madrid de la historia jugándose nada menos que un liderato de la liga española en su casa, sólo te vencerá si tú quieres que así sea, porque si no das un paso atrás y juegas como sabes, no habrá equipo que se te resista. Qué lástima que hayan esperado 104 años para compartir con el mundo tamaño descubrimiento, pudiendo habernos privado de tan larguísimo ayuno de títulos y logros durante tan largo lapso de tiempo...
Vaya por delante que no soy jimenista en absoluto, dejando ironías a un lado. He sido muy antijimenez, por muchas razones que no vienen ahora al caso, pero desde luego en mi vida intento regirme por principios básicos como el de la justicia y el de la objetividad (si ello es posible en un mundo tan subjetivo como el del amor incondicional por unos colores), y me parece absolutamente injusto que el terremoto de Haití, el de Chile, la crisis, y hasta la pérdida de Cuba de 1898 sea culpa de Jiménez, y si el equipo gana, lo sea porque los jugadores son muy buenos (que lo son). No, señores sé-todo-de-fútbol-pero-en-mi-vida-me-he-puesto-unas-botas, el fútbol no es tan simple como ustedes creen, y nuestro equipo, aunque ponga su vida, su alma y su físico hasta el límite en un partido, no ganará siempre, porque enfrente hay equipos (no muchos, gracias a dios), que hacen lo mismo, y además lo hacen mejor. Si el otro día el Madrid gana no lo hace porque el Sevilla no quiera ganar el partido, sino porque enfrente había un señor equipo, jugándose muchísimo, que no lo dejó salir de su campo, y ganó merecidamente además. Me gustaría saber cuanta gente de la que tan tajante cátedra sienta sobre estos temas, ha estado alguna vez compitiendo en fútbol (no en pachangas de solteros contra casados), y ha sentido lo que es que el oxígeno no llegue al cerebro, que no dé uno abasto para tapar huecos, porque cada vez hay mas, que no hay manera de salir del campo propio porque ni hay compañeros ya cerca, ni hay fuerzas, ni el balón quiere quedarse ya en la botas propias...
Que tenemos un gran equipo, nadie puede dudarlo. Que tenemos objetivos ilusionantes por delante, menos aún. Lo que no puede es pretenderse, vender, y autoconvencerse uno mismo, de que el Sevilla compite sólo, que ganará siempre que se lo proponga, y que si pierde es porque ha querido, porque eso impedirá, como de hecho ya sucede, a infinidad de sevillistas ver, y sobre todo disfrutar, el bosque tan maravilloso que tenemos delante, que no es otro que el mejor Sevilla de nuestra mas que cententaria historia.
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