Hay quien dice, posiblemente sin pensarlo demasiado, que los éxitos conseguidos años atrás han sido logrados gracias a que esta afición es muy crítica.
Mentira.
Siendo cierto que parte de esta afición es crítica, no lo es menos que esa crítica nunca ha llevado a ninguna parte. 58 años en blanco llenos de exigentes sin conseguir un sólo título cuando clubes teóricamente inferiores sí los conseguían con aficiones más "condescendientes".
¿De qué sirvió tanta exigencia? ¿Mereció la pena que se abroncara a un jugadorazo como Francisco? ¿Sirvió de algo que Montero saliera del campo llorando? ¿O que Paquito Gallardo tuviera que jugar con tapones en los oídos harto de tanta bronca? ¿Ganamos algo entonces con tanta crítica?
No, en absoluto. Casi seis décadas sin nada que llevarnos a la boca entre pitos y flautas. Y tuvimos que tocar fondo como nunca vivimos, vernos al borde de la desaparición y arruinados para que desde cero y cargados de humildad volviéramos a levantar el vuelo hasta conseguir lo que hemos conseguido.
Y el secreto fue la unión, dejar a un lado tanto ataque sin sentido para dar paso a un apoyo incondicional a los nuestros de forma que un equipo confeccionado para no bajar a 2ª B consiguiera el ascenso asentándose entre los habituales de Europa. Y el Centenario fue el aldabonazo definitivo, las pequeñas grietas que quedaban del sevillismo exigente fueron selladas de un plumazo por el orgullo de sentirnos lo que somos, por cumplir Cien años de sentimientos alentados, avivados y enaltecidos en torno a un Himno que nos cambió la cara y una bandera carmesí que mostrábamos emocionados proclamando que su logo era el título más importante que nunca podremos conseguir.
A partir de ahí conseguimos aquello que no podíamos ni soñar a lo largo de tantos años de exigencia, pitos y silbidos. Fue Geselkirchen el comienzo de un amor sin fisuras, fue un Sevillismo entregado el que marcó el gol aquel jueves de Feria o dejó a los ingleses con la boca abierta un 10 de Mayo clavado en nuestros corazones para siempre.
Y es que con la afición unida y alentando a los nuestros nos mostramos ante el mundo sencillamente IMPARABLES. Cada vez con más fuerza, cada partido más convencidos de que nosotros jugábamos desde las gradas.
Ahora, por lo que se ve, los hay que guardaron su bandera carmesí para volver a dar protagonismo a la histórica exigencia en aras de la legítima capacidad de cada uno de ejercer su libertad de expresión. Qué lástima no saber aprender de los errores cometidos. Qué lástima que parte de la afición no se dé cuenta de que todos a una no tendremos que esperar otros 58 años en salir de festejos a la calle. Ninguno estaremos aquí cuando el bicentenario vuelva a recordar al Sevillismo cuál es nuestro papel.
"Y para defenderlo le dió a una afición"...
Nadie hay más ambicioso que nuestro presidente, que busca y demanda lo mismo que cualquiera de nosotros: todo. "Acabaré con la deuda. Ganaremos Liga, Copa y Copa de la Uefa. Llenaremos todos los partidos el R. S. Pizjuán y le haremos otro anillo". Escrito en una servilleta de su puño y letra el 16 de Mayo de 2002, en época durísima de vacas flacas donde no teníamos "ni para balones".
¿Alguien duda de que sus expectativas están perfectamente representadas en la propia persona del presidente? ¿De dónde nace esa necesidad de ser crítico "manquegane"? ¿Quizás para intentar mostrarse diferente a la afición de nuestros vecinos?
Yo desde luego no lo necesito, yo sé que soy diferente por sentir como siento, sin necesidad de ir contra los míos vanagloriándome, encima, de ello. Mucho menos en la situación en que nos encontramos: a las puertas de una nueva final, disp***ndo la Champions y en puestos que dan derecho a volver a disfrutar de esta competición la temporada que viene.
Ay si aquellos que se fueron el tercer anillo sin vivir nada de esto levantaran la cabeza...
Seguro que dirían que tanta exigencia, sin ninguna duda, es un timo.
Los hechos así lo corroboran.
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