Carta abierta a Luis Fabiano.
Luis Fabiano Clemente, amigo mío, alma mía, no me des ahora la espalda:
Tú, que probablemente me regalaste las tardes, las noches... los días más felices de mi vida en sevillista...
Tú, que fuiste firme baluarte de mi equipo en el triunfo y estrella guiadora hacia el camino de la victoria más iluminado que mis mortales ojos verán jamás...
Tú, que contribuiste con tu magia y tu generosidad en el esfuerzo para conseguir que el sevillismo soñara despierto...
Tú, que llegaste a mi casa siendo pobre, apenas sin equipaje; que te instalaste en ella y gozaste de los privivelios que sólo atesoraba para mis mejores amigos; que comiste de mi mesa los mejores manjares y bebiste de mis mejores vinos; que continuas en ella, instalado en el mejor rincón, aquel que mira sin estorbos hacia ese rincón de cielo azul, limpio y transparente tras el cual se encuentra tu añorada y dolorida tierra...
Tú, que cuando desees salir de ella - y preferiría que lo hicieras como mi amigo-, que cuando decidas marcharte para regresar a esa tierra tuya con tu equipaje lleno...
Deberías tener en cuenta la mano que un día te acogió y te lo dio todo sin pedirte nada a cambio, sólo lealtad, honestidad y entrega. Deberías mirar detenídamente la mano que pertenece a quien te perdonó cientos de errores, de desaires y de malos ratos por tu peculiar forma de ser y entender la hospitalidad. Deberías devolverme más no fuera una sonrisa de gratitud, para que yo sintiera en mi corazón que obré con acierto y recuperé para el mundo un alma perdida que deambulaba por él sin rumbo y sin meta.
No te vayas como un intruso. No te marches dando un portazo. Por favor, no salgas de mi casa haciéndome el desaire de hacerme sentir culpable por algo que no hice. Sabes, porque te enseñé durante tu estancia entre mi familia, que la vida es sólo presente, que todos vamos de paso. Y que todos tienen derecho, en mi casa, tu casa, a usar la misma habitación que tú ocupaste durante tanto tiempo. Que todos son merecedores de la misma atención que te ofrecí a tí.
No regales la razón a aquellos que no entienden de generosidades, a aquellos que no devuelven favor por favor; a los que sólo piensan en sí mismos; a los que ignoran que todo ser humano es digno de ser ayudado, recuperado y tratado como "persona" antes que hacerlo como si se tratara de un simple objeto de intercambio comercial.
Un cacho de carne que se compra y se vende para que otro se llene los bolsillos de forma miserable, ese que sigue traficando con esclavos, como antaño
No somos pocos los románticos que aún creemos en el sencillo intercambio de valores por el simple hecho de estar convencidos de que es precisamente eso lo que nos hace más humanos y menos basura inmunda.
¿Por qué no comprendes eso, Luís?
¿Por qué no entiendes que he de seguir viviendo -para poder seguir viviendo-ofreciendo lo mejor de mi casa a la sangre nueva que llama a mi puerta?...
Para que todos sepan que en ella tienen "su" propia casa, que van a recibir lo mejor, aquello que muchos les negaron, como a tí, necesito que te hagas simplemente a un lado y me ayudes a acomodarlos. No quiero que te vayas, sólo te pido un poquito de sacrificio y comprensión. Que me devuelvas una pequeñita parte de lo que te regalé.
¿Es eso mucho pedir, Luís?
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