En estos días de asueto futbolístico leo entrevistas a entrenador y jugadores y en casi todas ellas se les interroga sobre los objetivos de la temporada. Hasta hoy no he encontrado la respuesta con la que más me identifico. Nuestro recién fichado Alexis ha dado en la tecla pronunciando las palabras mágicas que tan poco gustan a los chicos de la prensa: “Hay que ir partido a partido”.
Indica la teoría que, si un equipo se afana en ganar solamente el encuentro más inmediato y lo consigue, quedará campeón de toda aquella competición que dispute. Pero como esta verdad de Perogrullo sólo es posible para equipos de primerísimo nivel como el Barça o el Inter, recurramos a nuestra experiencia reciente para ver qué resultados tiene en nosotros.
Cuando nuestro equipo ha aplicado esta teoría, ha llegado a la cima de levantar dos copas –UEFA y Copa del Rey- y pelear hasta la última jornada por la Liga. Sin embargo, una vez que se olvidó de aquella máxima y empezó a hipotecar partidos pensando en el siguiente, ha cometido petardazos tan grandes como los de este mes de agosto. Nadie puede negar que la alineación y el carácter del equipo en la vuelta de la Supercopa estaban supeditados al partido posterior contra el Braga, con el consiguiente fracaso en ambas ocasiones.
El aburrimiento que irradia la idea del ‘partido a partido’ es difícil de combatir para los futbolistas a los que, por ejemplo, resulta complicado abstraerse de un partido de Champions del martes cuando tienen que enfrentarse al colista el domingo anterior. Aquí radica la complicación que para un entrenador supone imponer esta máxima, pero este mismo hecho ofrece la solución ya que se trataría únicamente de mostrarle a la plantilla que quien se reserve para las grandes citas tendrá como destino el banquillo. Es decir, quien cumplió ante el rival débil del domingo permanecerá como titular el martes.
Esto sólo es posible ejecutar en un equipo con una gran plantilla en la que los teóricos titulares sienten que tienen compañeros que les disp***n el puesto en igualdad de condiciones. El Sevilla, sin duda, cumple con esta condición: ¿o es que Perotti no sabe que Capel puede sentarle como se descuide?
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